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Tipos de colchones VII: el colchón de aire

Muy similar al colchón de agua en su concepción y uso, el colchón de aire, también conocido a veces como colchoneta, es uno de los que mejor se ajusta  a las necesidades de la espalda.  Su composición permite amoldarse a ella sin problema, y algunos, de gama alta, cuentan con cámaras de aire repartidas de manera estratégica para este fin. También, como aquél, es adecuado para los períodos de convalecencia, puesto que impide la formación de escaras. Pese a esto, su uso más habitual es el de cama auxiliar, para pernoctar en lugares provisionales o para acomodar a las visitas. En las acampadas y las jornadas de senderismo también resulta una solución muy socorrida.

En ocasiones, el colchón de aire es un complemento del de agua, ya que funciona como estructura externa en las que éste encaja. La principal diferencia entre ambos es que el de aire resulta mucho más cómodo de transportar, rellenar y mantener. No existe el inconveniente de que pueda enfriarse, como le sucede al de agua.

Al hincharlos, siempre mediante una bomba de aire, tenemos la posibilidad de escoger el tamaño final que tendrán, e incluso su firmeza. Sin embargo, para no tener que hacerlo “a ojo” existen en la actualidad sistemas de control inteligente, conocidos como Hand Held. Permiten ajustar el nivel de dureza que tendremos en el colchón; algunos, incluso, pueden distribuirlo de modo diferente entre dos lados, algo muy útil si va a ser utilizado en pareja.

Es imprescindible utilizar siempre una almohada al dormir sobre un colchón de este tipo, aunque sea de pequeño tamaño. Nuestra espalda no suele sufrir en esta superficie, pero nuestro cuello sí puede acusar algún daño, sobre todo si empleamos el colchón de modo prolongado.

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