Escrito por

Cocinas de vitrocerámica

La vitrocerámica es la opción preferente para cocinar de los últimos años. Ha sustituido en gran medida a las tradicionales hornillas, a pesar de que sus detractores siguen defendiendo que en éstas la comida adquiere un sabor diferente y mucho más “genuino”. La vitrocerámica, sin embargo, esgrime armas mucho más poderosas: la facilidad de su uso y limpieza, y la rapidez con la que se preparan los platos en ella. Todas son características prácticamente indispensables para el ritmo de vida de hoy en día, en el que cada vez tenemos menos tiempo para las tareas domésticas.

La placa de vitrocerámica es la que ejerce de conductor entre la fuente de calor y el utensilio que se desea calentar. Existen tres clases fundamentales de cocinas de este tipo: las eléctricas, las de gas y las de inducción (el sistema más moderno, que funciona gracias a la producción de un campo magnético). Para activarlas y regular la temperatura de cocción, la mayoría de ellas emplean mandos táctiles, cuya sensibilidad, en los modelos más recientes, es cada vez más precisa. También existen nuevas técnicas, todavía menos conocidas, como las llamadas placas rápidas (cuyas resistencias internas reaccionan de forma mucho más veloz) o las de placas halógenas (aún no están a la venta en España, pero poco a poco van ganando popularidad en otros países).

El gran inconveniente de las vitrocerámicas es que acarrean un mayor consumo eléctrico. Debido a que mantienen el calor unos minutos después de apagarse, podemos intentar ahorrar de esta manera: finalizando el plato que estemos preparando con la placa apagada.

Lo más interesante
Top 6
artículos
Síguenos

¿Qué es lo que piensas?